"Es hermoso recordar estos momentos para renovar nuestra vocación y empeñarse a ser profetisas en el mundo de hoy. Gracias al coraje de estas primeras (hermanas), fue posible para nosotras (nuestro instituto) nacer, y gracias a su fidelidad somos hoy un Instituto al servicio de la Iglesia y del mundo.
Memoria:
6 de octubre de 1919: Son las primeras profesiones de nuestras hermanas, en la época “Zelote della Società di San Francesco di Sales”, refiere Luigina Carpanera en su cuaderno, en las páginas 79 a la 87. Me gusta retornar con el corazón a aquellos momentos de celebración, sentir la atmósfera que se vivió y guardar en el corazón lleno de gratitud lo que el Espíritu Santo hizo por nosotras en estos 100 años.
El lugar elegido: la "Capilla en los cuartos del venerable Don Bosco", lo que de acuerdo al cardenal Cagliero, significa un "particularísimo signo de predestinación".
El potente mensaje: “Hoy inicia la vuestra nueva vida... Consagren todo para la salvación de las almas…”.
Los celebrantes: dos sacerdotes significativos en nuestra historia salesiana, el cardenal Giovanni Cagliero y don Filippo Rinaldi (el tercer sucesor de Don Bosco).
La Familia Salesiana: representada por las FMA che han acompañado los primeros pasos del grupo.
Los sentimientos: En dos oportunidades, al inicio y al final de la crónica, Luigina Carpanera describió la celebración como "conmovedora".
Profecía:
Si bien pasaron 100 años, cada una de nosotras se ve en aquel domingo del 26 de octubre de 1919.
Tomémonos un poco de tiempo allí en donde nos encontramos y estemos en silencio para recordar cómo ha nacido la vocación de cada una:
- mi primer Sí;
- el lugar en donde hice la profesión por la primera vez;
- todas las personas que han acompañado mi vida consagrada;
- el camino recorrido;
- los pasos que deseo realizar, con confianza en Dios, para cumplir su voluntad;
También para nosotras, como para las primeras hermanas fue el inicio de una nueva vida, todas por Cristo para llevar la Iglesia al mundo y el mundo al corazón de la Iglesia.
"Nuestro amor casto, pobre y obediente, que se opone al hedonismo y al culto del cuerpo, al lucro y al materialismo, al individualismo y a la cultura de la exclusión, se vuelve así un anuncio, testimonio, misión, signo de un amor libre y liberatorio". (AG8, p. 6).
Este es mi deseo para cada una de nosotras.
Unidas en la oración cotidiana para nuestra santificación, ¡con amor en Jesús!
Vuestra, Dagmar K
Responsable Mayor VDB