“Nuestra casa está en ruinas; cuando llueve, debemos dejarla y buscar refugio afuera para evitar mojarnos”, contó la joven mujer, ilustrando las condiciones desastrosas que la obligan a huir de su propia casa. El miedo a la lluvia es solo uno de los muchos fardos que lleva consigo mientras lucha con la incertidumbre del futuro de su familia. Mientras Patience aprende diligentemente las técnicas de sastrería en la escuela, sus pensamientos a menudo se dirigen a sus dificultades diarias.
“Es difícil para nosotros comer”, explica. Después de asistir a las clases, se ocupa en buscar trabajo, lavando platos, recolectando agua y haciendo limpieza, ganando apenas lo necesario para proveer a ella misma, a su hijo y a su madre, que sufre de una enfermedad crónica e incurable. “Cada centavo sirve para nuestra supervivencia”, continuó, con la voz temblorosa mientras expresaba la presión abrumadora que enfrenta. Patience, como muchos otros jóvenes ruandeses, debe enfrentarse a desafíos y dificultades. En enero, la población de Ruanda era de aproximadamente 14,25 millones de personas, con un aumento del 2,3% respecto al año anterior. Según las estadísticas de 2022, aproximadamente el 64,5% de la población del país depende de la agricultura como fuente principal de sustento.
La pobreza sigue siendo un problema crítico en Ruanda. El Banco Mundial estima que la tasa de pobreza fue del 48,4% en 2024, con una ligera disminución con respecto al 2023, con proyecciones de reducción al 47% para el 2026. Estos desafíos económicos se ven aún más agravados por los altos índices de desempleo y el limitado acceso a una educación de calidad y a oportunidades laborales para los jóvenes. Aunque Patience reconoce el potencial de sus cursos de costura, su mente a menudo está nublada por la preocupación por la salud de su madre y por las responsabilidades de cuidar a su hijo. “Estos cursos son muy importantes, pero no puedo dejar de pensar en cómo proveer a mi familia”, confesó, revelando el desgarrador conflicto entre la voluntad de continuar con su educación y la necesidad de satisfacer las necesidades inmediatas.
La historia de Patience es emblemática de las dificultades que enfrentan muchos jóvenes en los Centros de Formación Profesional salesianos, que buscan educación mientras enfrentan circunstancias desastrosas. La organización depende de la generosidad de los donantes para apoyar a estudiantes como Patience, pero los desafíos que se deben enfrentar son aún innumerables.
Los graduados, de hecho, a menudo no tienen los recursos necesarios para asegurar un sustento estable y crear un futuro mejor para ellos mismos. Por lo tanto, las donaciones de los benefactores siguen siendo la mejor oportunidad para marcar la diferencia y ayudar de manera concreta a personas como Patience. Un pequeño apoyo puede significar mucho, puede aliviar fardos pesados y proporcionar las herramientas para un futuro sostenible.
Para obtener más información sobre la historia de Patience y saber cómo ayudar, se puede enviar un correo electrónico a la dirección: contact@aglpdo.org.