Durante estos días del Sínodo en el Vaticano, hemos sido bendecidos por esta hermosa experiencia de viajar juntos como Iglesia, para “escuchar” la realidad de los jóvenes de hoy. Nos hemos preguntando “¿cuál es mi relación con los jóvenes que abandonan mi parroquia o la diócesis? ¿Los veo o son invisibles para mí?” o “¿qué quieren los jóvenes para nosotros?”.
Los jóvenes necesitan a alguien que los escuche. Ellos quieren recibir confianza, quieren responder a sus preguntas, quieren hablar en su lengua juvenil, simplemente porque no son el problema, sino también son víctimas.
Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en sus observaciones finales en la primera parte de las intervenciones, recordó a los Padres sinodales tres palabras clave:
- “Escucha”. Para la Iglesia, la palabra 'escuchar' es 'teológica' no solo es una 'realidad pedagógica'.
- “La empatía”, requerida como una actitud hacia los jóvenes.
- El principio teológico “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular” (Mt 21:42) Por lo tanto, solo escuchando a los jóvenes podemos descubrir la verdad, la belleza y la bondad de Dios en ellos.
Solo a través de la escucha podemos ir más allá, descubrir el fuego de Pentecostés en los corazones de los jóvenes que buscan a Jesús y, debemos mostrar a Jesús. En verdad, los jóvenes buscan a quienes los acompañan. Este es un llamado a muchos buenos guías espirituales, es decir, a aquellos que pueden caminar con los jóvenes. Hay un proverbio egipcio que dice: “Es mejor para mí sentirme bienvenido, en lugar de tener un pedazo de pan”. “En el acompañamiento, los jóvenes no solo son atraídos por los buenos ejemplos, sino sobre todo por los ejemplos que atraen y capturan”. (Enzo Bianchi).
Me gustaría concluir esta intervención con la cita de uno de los Padres sinodales: “¡Venimos a este mundo no para quedarnos en nuestra zona de comodidad, sino para dejar una huella! Y ahora que estamos llegando lentamente al final del Sínodo, preguntamos: ¿Cuál es la signo que debemos dejar?.