En Tijuana estuvo con los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano. “¿Qué es lo que haría Don Bosco aquí en Tijuana, en la frontera? – preguntó un joven – “Pues no es fácil la preguntita, lo digo en serio, ya me gustaría saber qué es lo que habría hecho Don Bosco aquí en Tijuana… y aquí viene lo que me fascina de Don Bosco: No tenía recetas para cada situación, no lo podemos idealizar de modo inadecuado… pero estoy convencido de que Don Bosco no buscaría lo que tiene que hacer porque lo que sí tendría claro es lo que siente en el corazón, es decir: un amor por sus muchachos que le llevaba a la locura”. En esta misma línea el Rector Mayor dijo que “lo que Don Bosco si buscaría es ocuparse de los adolescentes para que nadie los atrape en sus redes”.
El sábado 21 fue la última jornada del Rector Mayor y ha tenido al centro de la atención el tema de la inmigración. El sucesor de Don Bosco vio la realidad de quien la sufre en primera persona. En el desayunador salesiano “padre Chava” el Rector Mayor presidió la eucaristía con salesianos y colaboradores de esta obra que atiende diariamente a más de mil personas, principalmente hombres y mujeres, algunos con hijos pequeños, que han sido obligados a migrar desde el interior del país, pero también desde algún país centroamericano y en algunos casos desde algún otro continente.
Subrayando la diferencia de motivaciones entre una obra social y la obra salesiana, el Rector Mayor recordó como criterio de la acción de las obras de Don Bosco “su caridad por las personas más necesitadas, principalmente los jóvenes”, una caridad que brota del amor de Dios, como se manifestó en lo que los apóstoles hicieron por el paralítico citado en Hechos de los apóstoles; en efecto le dieron lo mejor que tenían, la posibilidad de ser sanado “en nombre de Cristo resucitado”.
En la zona conocida como “el faro”, donde comienza la línea fronteriza entre México y Estados Unidos, y que no es sólo una formalidad que marca el límite entre ambos países, sino donde nace o termina un muro que se extiende por miles de kilómetros, incluso algunas decenas de metros sobre el mar, ahí el Rector Mayor ha podido conocer el drama que viven incontables familias que son divididas por ese muro: del lado mexicano quedan padres o madres que fueron deportados; del lado estadounidense quedan hijos que, habiendo nacido en esa nación, pudieron quedarse. Hablar a través del muro, bajo estricta vigilancia policial, es la única opción que tienen “convivir”, quedando descartada la posibilidad de intercambiar alguna caricia.
En las oportunidades de expresar a los salesianos alguna reflexión sobre lo vivido, el Rector Mayor ha dado a entender que lo que se está haciendo a lo largo de esta frontera no está mal, pero evidentemente no es suficiente, “hay que hacer más”. Esta misma convicción ha quedado expresada en un video dirigido en particular a los salesianos del continente americano que será publicado en los próximos días.